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Depresión Infantil

La depresión infantil es una gran desconocida para la mayoría de la gente. Es un tema polémico porque antiguamente se consideraba inexistente, y a muchas personas les costará pensar en niñas o niños deprimidos porque éstos se consideran como la representación misma de la alegría. Sin embargo las niñas y los niños se deprimen y en la coyuntura social que vivimos actualmente, en la que cada vez más infancia se ve afectada por necesidades económicas y recortes, es más fácil que se dén síntomas depresivos. Las primeras descripciones de la depresión infantil las realizaron Spitz  y Bowlby  en torno al apego y al vínculo infantil. Spitz describió una enfermedad que observaba en niños de orfanatos e ingresados en hospitales, la llamada Depresión anaclítica que ocurría cuando el niño se encontraba privado de un vínculo afectivo significativo por un periodo largo de tiempo. Es una situación reversible pero que si se prolonga en el tiempo pasa a denominarse hospitalismo y puede causar daños severos en e l niño e incluso la muerte por ausencia de estimulos.

En general la depresión infantil comparte síntomas con la depresión adulta: tristeza, anhedonía, desinterés, cambios de humor, llanto en el área emocional. Disminución de la actividad, letargo, conductas disruptivas, inquietud, en el área conductual. Falta de concentración, indecisión, pesimismo, baja autoestima, bajo rendimiento, fallos de memoria, ideas suicidas, en el área cognitiva. Aislamiento, soledad, retraimiento en el área social. Falta de energía, cansancio, pesadillas, alteraciones del sueño y del apetito, quejas somáticas en el área somática. Pero  en la infancia existe una peculiaridad que son las rabietas, la conducta disruptiva, el mostrarse molestón, agresivo. Es  probable que a veces sea necesario un diagnóstico diferencial para distinguir entre depresión y otros problemas que pueden tener los niños  y que se pueden confundir por algunos de sus síntomas  como TDA o Trastorno oposicionista.

Entre los factores que pueden causar depresión en un niño o niña, es necesario tener en cuenta una multiplicidad de razones.  Los factores ambientales son muy importantes a la hora de desarrollar una depresión, si el niño tiene cubiertas sus necesidades básicas: alimentación, higiene, educación, será menos proclive a la depresión. Las buenas relaciones familiares favorecen también la salud mental. De la misma forma, que los padres sean tendentes a la depresión es un factor también importante a la hora de establecer causas porque l@s niñ@s aprenden un estilo concreto de afrontamiento de la realidad, así como una manera de vincularse al otro. Otro factor importante es la disposición personal, factores neurofisiológicos personales y factores de personalidad.

Es necesario también distinguir entre depresión y momentos de tristeza, por ejemplo hay momentos en los que la niña o el niño pueden presentar síntomas depresivos leves correspondientes a un esfuerzo por adaptación a una situación nueva: separación familiar, cambio de domicilio, nacimiento de un hermano, son situaciones que pueden propiciar la aparición de rabietas, conductas regresivas, y que, en principio, si se realiza un adecuado acompañamiento no tienen por qué desembocar en depresión.

El mejor tratamiento hasta el momento es el psicoterapéutico.  Cuando los padres observan algún síntoma depresivo en su hijo o hija es necesario acudir a la consulta psicológica para realizar una evaluación y determinar si lo que le ocurre es un desajuste adaptativo, un síntoma evolutivo o un problema más serio.  La alianza psicolog@-padres-paciente será la herramienta más efectiva para solucionar el problema.

María Bilbao

Psicóloga infantil

psi.maria.bilbao@gmail.com